Espejo negro

Poesía

Espejo negro (DVD ediciones, 2001) fue escrito entre 1994 y 1999. Algunos de sus poemas aparecieron con anterioridad en la antología Feroces. Radicales, marginales y heterodoxos en la última poesía española, llevada a cabo por la poeta Isla Correyero para la editorial DVD, en 1998. A esta poeta y a Sergio Gaspar les debo que mi primer libro haya visto la luz.
Isla encontró mis poemas en una separata de poesía que durante algún tiempo publicó el fanzine Vinalia Trippers. Cuando Isla me escribió para invitarme a participar en la antología yo ya no quería publicar y se lo dije. A lo que me respondió con una carta de 11 páginas escritas a lápiz donde enumeraba las razones por las que ella creía que debía hacerlo. Nunca he sabido darle las gracias.
Espejo negro también ha sido publicado en Portugal en edición bilingüe por Cosmorama ediçoes con traducción de Jorge Melícias. Y, en Italia, la editorial Stampa Alternativa editó un librito con una selección realizada y traducida por Francesco Ardolino titulada Terra e sangue.
Una edición ampliada bajo el título Espejo negro y otros poemas fue publicada en 2013 por ediciones Liliputienses.

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Mi padre enfermo de sueños
en el asfalto incandescente de cien mil mediodías caminados
bajo el sol en vertical
perdió sus pies
y apoyado en sus rodillas sigue buscando
el camino de vuelta a casa.
Mi padre sueña
rendido por el cansancio
que vuelve a su tierra y planta sus piernas y le crecen pies jóvenes
y la savia de su tierra negra le alivia el dolor de las arrugas
y resucita sus cabellos muertos.
Luego despierta en un piso alquilado
a la ciudad de los huracanes de la miseria
y blasfema y maldice y no tiene amigos.

Escondido en la noche
papá llora por las certezas que lo defraudaron.
Del otro lado de su piel
mamá llora por mamá
mamá llora por su casa que ya no habita
y por paz y reposo y risa.

Papá y mamá lloran
cada uno a espaldas del otro en la cama
en el más crudo estruendoso hermoso silencio
que modula en frecuencias infrahumanas
sonidos que se articulan como palabras:
«si aquí no están mis sueños
cómo puedo dormir aquí».
Y que sólo yo escucho
con la cabeza enterrada en la almohada.

Concebida de la nostalgia
nací con lágrimas en el sexo con tierra en los ojos con sangre en la cabeza.
No soy lo que soñaron
como tampoco lo son sus vidas.

. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .

Eventualmente paso días enteros sangrando
(por negarme a ser madre).
El vientre vacío sangra
exagerado e implacable como una mujer enamorada.

Si los hijos no salieran nunca
del cuerpo de sus madres
juro que tendría uno ahora mismo
para sentirlo crecer dentro de mí
hasta poseerme como en una sesión espiritista
o como si mi bebé y yo
fuéramos muñecas rusas
una llena de la otra
mamá llena de bebé.

También tendría un hijo
si ellos siempre fueran bebés
y pudiera sostenerlo en mis brazos por encima de la realidad
para que mi niño nunca pusiera los pies en la tierra.

Pero ellos llegan a ser
tan viejos como uno.

No alimentaré a nadie con mi cuerpo
para que viva este suicidio en cuotas que vivo yo.

Por eso sangro y tengo cólicos
y me aprieto este vientre vacío
y trago pastillas hasta dormirme y olvidar
que me desangro en mi negación.

. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .

Con el sexo negro húmedo y ácido
como la tierra de la que broté un día,
destruyo toda materia orgánica
que se entierra en mí buscando descanso.
Nada vivo puede dejarme huellas.
Conozco el estiércol
como conozco mi futuro,
como se conoce lo que se espera.
En cada uno de mis cabellos serpentean setenta mil gusanos
en cada uno de los gusanos amenazan setenta mil bocas
cada boca masca entre sus dentaduras
setenta mil pedazos de carne
putrefacción de los seres que se quedaron en el aire
y mis cabellos rozaron a su paso.
Soy el producto de siglos de castigos
del sueño y la ambición
del deseo
de lo prohibido y de lo imposible.
Sé que cuando la muerte se vista mi cuerpo
se restregará contra la tierra;
los tojos la reconocerán, la llamarán vida.
Y entonces habré resucitado
redimida al fin de mi especie.

. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .

Inmóvil
abandonado a tu pesadez de hombre inmóvil
me miras con antiquísimos resentimientos.

Óyeme bien
soy inocente de tu pasado
no soy tu puta madre
ni tu enferma madre
ni tu loca madre
aunque sea puta loca.
No merezco recibir agresiones ajenas
retrasadas y caducas.
No proyectes sobre mí los espectros de tu niñez
tengo forma, color y dimensiones propias.

Tampoco vengas a mí
llorando como un niño
cuando no lo eres
este regazo que te acoge además te desea.

No sobreactúes
a mí también me expulsaron del paraíso
antes de tiempo
y sin notificación previa
¿a quién no?

Anda hombre
levántate de ti.

. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .

Dejamos un rastro de humedad en las paredes
en los marcos de las ventanas
dejamos los fregaderos atascados
papeles tapando los cristales
ratones muertos en el horno
dejamos cal en los espejos del baño
zanahorias podridas en la cocina
un sudor enfermo en los cerrojos de las puertas
ecos de horror rebotando en los techos
un olor a pesadilla por todas partes
un olor a gritos y a lágrimas derramados
sobre las quemaduras de la alfombra
sobre la grasa de los hornillos, la funda del colchon y
los marcos astillados de las puertas.

Dejamos nuestro amor aspirado vuelto pellejos
—nuestro amor de un mes de vida
con toda su muerte por delante—
flotando en una palangana blanca
en el lugar donde perdí el sentido.

. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .

No tengo casa a la que volver
ni esperanza de la que colgarme
por eso camino.

Las casas se derrumban a mi paso
la tierra es una alfombra de escombros.
Me detengo a admirar la belleza de las palas mecánicas
los movimientos de las excavadoras me erizan de deseo.
De noche las contemplo:
los perfiles inmóviles de las palas
descansando sobre el cielo azul cobalto
al lado de la luna de luz nacarada
son aún más hermosos que los brazos de los hombres que las manipulan
y las excavadoras
con sus enormes bocas abiertas y llenas todavía
de tierra y escombros
parecen enormes animales muertos.

Mis padres me enseñaron a no tener nunca nada.
Ellos me enseñaron a no volver nunca a casa
a no decir nunca esta casa es mía
aquí me quedo yo
en este lugar que amo.

Cierro la puerta y no necesito mirar atrás para saber
que la casa ya no existe más.
En ninguna parte sin hablar con nadie estoy
pero si nos cruzamos
puedo enseñarte a caminar sonriente sobre la desolación.